14 de noviembre de 2009

JOAQUÍN PIQUERAS, GANADOR DEL PREMIO NACIONAL DE POESÍA GONZÁLEZ DE LAMA


León, 13 nov (EFE).- El poeta murciano Joaquín Piqueras ha sido el ganador del XXXIX Premio Nacional de Poesía Antonio González de Lama, fallado hoy en la ciudad de León.
El poemario que presentó Piqueras se titula "Los infiernos de orfeo" y ha sido elegido ganador por mayoría entre un conjunto de 130 obras presentadas a esta convocatoria.
Según la responsable de Cultura del Ayuntamiento de León, Evelia Fernández, los miembros del jurado ( Luis Artigue, Gaspar Moisés Gómez, José Enrique Martínez, Almudena Guzmán y Natalia Álvarez) han destacado su estructura posmoderna, vinculada al mundo de la música como homenaje a Leonard Cohen, Lou Reed, Bob Dylan y al género jazz.
El escritor, natural de Alguazas (Murcia), se presenta como un "orfeo moderno que baja a los infiernos actuales influido por lecturas y música en busca de un amor imposible".

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Algunos enlaces de páginas que se han hecho eco de la noticia:
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10 de noviembre de 2009

POEMAS DE JOAQUÍN PIQUERAS EN LA REVISTA LUNAS DE PAPEL Nº 4

En el último número de la revista Lunas de papel ( nº 4 otoño-invierno 2009) aparecen publicados seis poemas de Joaquín Piqueras. Reproducimos uno de ellos:
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LO IMPORTANTE ES AMAR

La certificación de tu pecho sobre el mío
es más que suficiente para cumplimentar
la instancia de mis deseos, el precio
que hemos de pagar parece tan nimio
como la consignación de mis datos
personales, mas no necesito modelo
si adjunto en mi solicitud mi corazón
en régimen abierto,
y no solicito imposibles, solo tres cosas:
tu amor, tu complicidad y tu convocatoria.
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( Joaquín Piqueras, Lunas de papel, pág. 38)

4 de noviembre de 2009

JOAQUÍN PIQUERAS EN LA REVISTA ÁGORA Nº 16

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Desde el día 1 de noviembre está en circulación el número 16 de la revista Ágora en su nueva versión digital ( formato pdf). La puedes descargar pinchando AQUÍ o en la fotografía de la portada de la revista que aparece arriba.
En este número Joaquín Piqueras participa con unos poemas inéditos del poemario de próxima aparición Tomas falsas y con una entrevista en la sección de Insólitos al poeta Javier Carnicer.
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Uno de los poemas incluidos:

EL ÚLTIMO REFUGIO

No hay más salida que parapetarnos
en esta mínima fracción de tiempo
que irremisiblemente
se nos escapa,
............................y limpiar
de nuestro propio vaho el horizonte.


( Joaquín Piqueras, Revista Ágora, pág. 12)

27 de octubre de 2009

SOLO ANTE EL PELIGRO

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El tiempo ha dictado su sentencia,
las manecillas del reloj avanzan
deshaciendo lo poco que te queda
...................................................de vida,
y en ese angustioso compás
de espera de nada sirven los ánimos,
ni las palabras de amor, palabras,
estás solo y ésta es la única verdad,
viene la muerte, tan jodiendo,
y te hallas asustado, pero no
agradecido, pues tu vida acaba,
y tu vivir se desordena para
.................................................siempre.
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(Joaquín Piqueras, Tomas falsas)

16 de octubre de 2009

EL DEMIURGO IMPERFECTO II

(Continuación de El demiurgo imperfecto I)
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Casi veinte años en la enseñanza, contando sus años de interino, y todavía sentía ese vacío, las fauces de la ansiedad devorando su estómago cuando entraba en clase. Los nervios son como llamas oscilantes que minan y provocan una desertización en nuestro cerebro, pero yo celebro la entereza y la resolución con las que el señor Ortega resolvía sus clases. La displicencia y la bobalicona apatía de sus alumnos de 4º naufragaban en la sucia eternidad del pensamiento bien llevado, cuando los ojos de Salvador Ortega se clavaban en la belleza de Irene, que así se llamaba la víctima de un novelista que hacía del vampirismo vital su principal herramienta, y sentía una sinfonía de sensaciones que él no sabía exactamente como trasplantar al frío del papel. Los ecos deshilachados en la memoria apenas hallaban las notas suficientes para hacer del sonido del amor, o tal vez del deseo, que el escritor sentía por aquella muchacha de dieciséis años un concierto pletórico de buenas melodías. Siempre que sonaba el timbre de salida, el profesor Ortega esperaba pacientemente que se levantaran sus alumnos y así poder observar y disfrutar con avidez de aquel cuerpo joven que siempre desplegaba su mejor sonrisa al pasar junto a él, su cazadora ceñida, sus camisetas cortas dejaban al descubierto parte de su vientre o de su baja espalda, de la que salía una extraña sombra tatuada que se perdía en la sinuosa redondez de sus vaqueros. Era perfecta, la historia de amor imposible entre un profesor y su alumna.

Ahora bien, él contaba con la omnisciencia para poder manipular a los personajes principales a su antojo. Cierto que recogería el físico de ella, los rasgos más definitorios de su carácter, pero los amoldaría a sus ilusiones, a sus deseos, a sus esperanzas, que, como dijo Ernesto Sábato, es lo que más cuentan en la vida, tanto real como ficticia. Acaso la magia que significaba la despedida de ciertos aspectos de la vida, ¿no ofrecía al escritor la inquietud del flujo de la inspiración, del juego de la creación? El inusitado juego de ser Dios. El personaje masculino, que se podría llamar Daniel, sería él mismo, eliminando, claro está, los aspectos menos novelables de su existencia cotidiana; sería, como él, un ser de una gran sensibilidad, inteligente, con un idealismo tamizado por ciertos inevitables ribetes realistas, no demasiado agraciado físicamente, pero capaz de seducir todavía a una bella jovencita.

“Primero miro, hago acopio de contención para no despertar sospecha alguna y dejo que su mirada revolotee por toda la clase hasta depositarse en mis ojos. Es entonces cuando una sensación extraña me sofoca y hasta el último trocito de mi ser pierde su brújula y queda atrapado en la deliciosa telaraña de esos ojos que siempre me devuelven lo mejor de mí misma...”

Un monólogo interior es un buen recurso narrativo para incluir en una novela con narrador omnisciente, pero no tendría mucho sentido ponerlo al principio de la obra, este tiene que estar escrito en tercera persona y debe tener ese gancho que tienen los comienzos de las grandes novelas que hace que se perpetúen en el recuerdo (pensaba en El Quijote, en Cien años de soledad, en La Metamorfosis...), pero al gran Ortega esa noche la inspiración le fallaba. Así que decidió salir a la calle, sabía que el pulso literario no se hallaba en el aislamiento de las cuatro paredes acolchadas de Proust, sino en el bullir de la vida que palpita en la calle, en los bares, y decidió, emulando a tantos admirados narradores (Lowry, Poe, Bukowsky, Hrabal, Onetti, Faulkner, etc, etc.) rodearse de los efluvios del alcohol para buscar la frase perfecta, los materiales necesarios para concatenar el argumento de su obra.

Cartagena era una ciudad pequeña que se avenía perfectamente a las aspiraciones artísticas de nuestro (de nuevo perdón por la excesiva confianza) escritor - que había nacido en un pueblo de la Mancha de cuyo nombre no quería ni acordarse -: una ciudad que contaba con muchas cualidades que eran necesarias para gestar una novela de ambiente urbano, pero que era lo suficientemente tranquila como para permitirle la abstracción. El periplo etílico de “El merluza” sufría pocas variaciones: empezaba por los bares de los pijos ubicados en la Avenida Príncipe de Asturias, donde trasegaba sus primeros pacharanes, y acababa en cualquier antro del Puerto bebiendo garrafón, si bien es cierto que hacía algunas paradas estratégicas camino de su destino, pues si ustedes, queridos lectores, conocen Cartagena sabrán que entre Príncipe de Asturias y el histórico Puerto de Cartagena hay una distancia considerable para aquél que decide recorrerla a pie. Precisamente en esa noche, mientras Ortega caminaba pensaba en alguna experiencia relevante que pudiera ser digna de convertirse en materia novelable y atrajo al hilo de sus pensamientos una frase del poeta Oliverio Girondo, “tu sudor es grato a las prostitutas y a los perros”, porque la única experiencia digna de mención que había tenido últimamente estaba relacionada con el mundo de la prostitución y porque acababa de pisar, a pesar de su gran habilidad para esquivarlos, un excremento de perro. Las dos únicas cosas que Ortega odiaba de su adorada Cartagena era la suciedad pegajosa de las aceras en la madrugada, tras pasar esas maquinitas que en vez de limpiarlas las embadurnaban aún más y las convertían en peligrosas pistas de patinaje y sobre todo el infame incremento en el suelo de las heces de perro, que hacían que caminar erguido fuera tarea poco menos que imposible. No nos llevemos a engaño, a Salvador no es que no le gustaran los perros, todo lo contrario, lo que no soportaba eran las deposiciones que estos dejaban en las aceras, calles y jardines con la anuencia de sus amos, convirtiendo el ejercicio peatonal en una verdadera carrera de obstáculos.

De camino hacia el puerto, sin poder desprenderse totalmente de la fetidez de sus zapatos, pensaba en las otras grandes conocedoras de la calle. Hacía apenas una semana, el serio y reputado profesor Ortega – tres años en dique seco, después de una atormentada relación con su novia de toda la vida – decidió contratar los servicios de una prostituta, más por tener una experiencia que casi todo buen escritor había conocido que por la pura satisfacción personal, ya que desde hacía mucho tiempo él practicaba satisfactoriamente el onanismo. Pues bien, pensemos en nuestro héroe ojeando las páginas de contactos de La Verdad en busca de una casa o piso de lenocinio, porque una cosa estaba clara: era preferible desplazarse a que ella se presentara en su domicilio, Dios mío, ¿qué dirían los vecinos? Salvador, tras hacer algunas llamadas previas que le inspiraron no demasiada confianza – desconfiaba de los “qué quieres, mi amor” con acento sudamericano y de precios tan económicos que fueran menores de 60 euros-, dio con un céntrico piso de Cartagena. Allí lo recibirían las ansiadas diosas del amor...

(Continuará)

9 de octubre de 2009

JOAQUÍN PIQUERAS DIRIGIRÁ UN TALLER DE CREACIÓN LITERARIA EN LA UNED

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5 de octubre de 2009

OTRO POEMA DE JOAQUÍN PIQUERAS TRADUCIDO AL INGLÉS POR AURELIO MARTÍNEZ


STRIPTEASE

we undo the rusty zip
of our soul
and
watch in amazement
the nakedness of a corpse
that assures that it is called
the same as us
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STRIPTEASE

bajamos la oxidada cremallera
de nuestra alma
y
observamos asombrados
la desnudez de un cadáver
que asegura llamarse
como nosotros
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(Joaquín Piqueras, Antología del desconcierto)

16 de septiembre de 2009

JOAQUÍN PIQUERAS TRADUCIDO AL INGLÉS

Los poemas de Joaquín Piqueras, que ya conocieron algunos de ellos traducciones al portugués, están siendo traducidos de manera magistral a la lengua de Shakespeare por AURELIO MARTÍNEZ ( filólogo inglés, escritor, músico, compositor, dramaturgo). Tarea, sin duda, ardua y laboriosa, pero también - según palabras del traductor - placentera, a la que el autor de los poemas le estará eternamente agradecido.
Una muestra:
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MEMORIES OF NEVERLAND

"A past moment,
a life doesn't last longer."

...............................................Giuseppe Ungaretti

i was in Neverland and remembered you,
silence of memory,
anemic emotion of memories,
fitting days like pieces
of a puzzle,
and never die,
darkness that is smothered in the long
flights of desire

what can my hands show
but scars,
holes of ourselves,
pieces of a puzzle
in a world
that is alien to us

i was in Neverland and remembered you

(Traducción de Aurelio Martínez)
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RECUERDO DE NEVERLAND

Un instante pasado,
no dura más una vida.

...............................................Giuseppe Ungaretti

estuve en Neverland y me acordé de ti,
silencio de la memoria,
emoción anémica de los recuerdos,
encajando días como piezas
de rompecabezas,
y no morir jamás,
tiniebla sofocada en los largos
vuelos del deseo

qué no pueden mostrar mis manos
sino las cicatrices,
agujeros de nosotros mismos,
piezas de rompecabezas
en un mundo
que nos es ajeno

estuve en Neverland y me acordé de ti
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[recuerdo de neverland, Antología del desconcierto.
Ilustración de Fulgencio Saura Mira]

9 de septiembre de 2009

BUSCANDO MI DESTINO

..................................... .........................................A Diana

Si te suelto ahora de la mano
me arriesgo a que emprendas tu vuelo y quieras
no saber nada de mí, al principio
te caerás, es cierto,
titubearás, te golpearás
contra los objetos y los obstáculos
de la vida, mas pronto cogerás
paso firme y tu camino será
como un travelling en profundidad

.....................................................de avance.

(Joaquín Piqueras, Tomas falsas V.O.)

5 de septiembre de 2009

EL MINÚSCULO DESTINO DE LOS HÉROES


En mi jardín pastan los héroes.
Heberto Padilla






hércules, odiseo, mío cid,
el rey arturo, lanzarote, amadís,
guillermo tell, ivanhoe,
robin hood,
tarzán, el zorro, el increíble hulk,
spiderman, rambo, super ratón,
batman, superman, indiana jones...
hoy día,
todos héroes sin habilidades
sociales.

(Joaquín Piqueras, Concierto non grato)

1 de septiembre de 2009

EL DEMIURGO IMPERFECTO I

Un relato inédito de Joaquín Piqueras que se irá publicando por entregas. Este relato fue finalista en el Premio María Guirado de Creación Literaria 2008.

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.....Cada vez que Salvador Ortega leía una novela pensaba que el narrador por muy omnisciente que fuera jamás podría conocer perfectamente a sus personajes, siempre había vericuetos, grietas por las que se escapaban con total impunidad aspectos importantes sobre sus personalidades, motivaciones que activaban el muelle de sus conciencias y aún así gustaba de escoger para sus relatos – Salvador Ortega además de ser profesor de Filosofía en un importante I.E.S. de Cartagena, Murcia, tenía como auténtica vocación el ser escritor, o al menos así gustaba de definirse – a un narrador omnisciente con la esperanza puesta en que conociendo a fondo a sus personajes algún día se conocería a sí mismo. Así que Salvador emprendió la siempre inigualable gesta de la creación de una novela ejemplar con la primera y firme decisión de elegir de nuevo para su relato un narrador omnisciente.

.....El profesor Ortega, que había elegido Ética de 4º de ESO, en vez de los primeros o segundos de Bachillerato, que le gustaban más, pero que le hurtaban un precioso tiempo que era necesario e ineludible para la creación de su magna obra, por fin podría utilizar todo su arsenal lingüístico y sapiencial al servicio de lo que para él era su razón de ser en este mundo. Nuestro filósofo – permítanme, avezados lectores, la licencia de utilizar el determinante posesivo para dotar de una mayor implicación y confianza a este nuestro personaje y así evitar los posibles riesgos que siempre entraña la omnisciencia- gustaba de citar a sus maestros y, sin duda, una de sus citas favoritas se la debía al gran Sócrates, que por no haber dejado nada escrito no contaba con el beneplácito del abnegado profesor de Ética, pero sí con su saber incandescente: “La filosofía es la búsqueda de la verdad como medida de lo que el hombre debe hacer y como norma para su conducta”. En esta profunda cita de “el que sólo sabía que no sabía nada” y del que Ortega había heredado la agudeza de sus razonamientos, su extraordinaria facilidad para la incontinencia verbal, además de su fealdad física, gustaba cambiar la palabra “filosofía” por la de “literatura” y aunque sabía que la búsqueda de la verdad es labor imposible, también comprendía, como buen cervantino, que la verdad siempre es relativa.
Después de la omnisciencia, pensaba el gran Ortega que la segunda decisión importante era la verdad, que no la verosimilitud, de sus personajes y asimismo advirtió que quién mejor en que inspirarse que en él mismo y su peripecia personal: aventuras amorosas; aventuras etílicas, ya que como todo buen escritor bohemio, “usaba y abusaba de los alcoholes” – en concreto del Pacharán y de vez en cuando del garrafón con Cola-; aventuras anónimas que crepitaban en su mente como la encendida hojarasca de los sueños perdidos. Y luego estaban sus aventuras en el instituto, escuela de personajes, de actores que no hacía falta que interpretaran su papel, porque no eran conscientes de que la vida es un gran teatro y que ellos la vivían simplemente con la convicción de que la única verdad que existía eran sus propias experiencias personales, sus pequeños objetivos, sus bellos cuerpos adolescentes, en los que la vida era vida y no pura supervivencia. Según Karl Jaspers, en filosofía “son más esenciales las preguntas que las respuestas”, pero Salvador Ortega pensaba que en la literatura lo importante eran las respuestas y éstas estaban ahí, en el deliberado juego perpetuo de la candencia y la cadencia de la vida de estos pequeños grandes personajes. Entre la ceniza y el lodo de la vida, como pequeños efebos o diminutas nínfulas, bellas “electras”, a las que “sí les sentaba bien el luto”, surgían estos personajes desnudos las más de las veces de personalidad, pero rodeados siempre de un antojo de plenitud.

........Decía Hermann Hesse: “¡Qué extraño es vagar en la niebla!”, jamás se ha definido mejor el “solitario vicio” de escribir. A Salvador Ortega, apodado por sus alumnos “el merluza” por ser en todo bar conocido “del uno al otro confín”, hallado muchas veces en estado lamentable de esponjosa embriaguez, tal y como Rubén Darío encontrara a su admirado Verlaine en su famoso primer encuentro, pero sin decir “merde encore”, pues nuestro escritor había estudiado siempre, por su amor a la literatura norteamericana, inglés como primer y único idioma, le gustaba una alumna, una especie de “lolita” que hubiera hecho palidecer al mismísimo profesor Humbert, rubia, de estatura mediana, de una belleza que revelaba la plenitud de las flores abiertas en los espejos de los pensamientos más impuros. Sus ojos eran auténticas trampas afines al perfecto sol de nuestros deseos – pido perdón por el nuevo uso del posesivo- y aunque la diferencia de edad era significativa (unos veinticinco años), el veneno y el venero de la y por la escritura se ceñían entrañablemente a las líneas nebulosas de su novela.
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(continuará...)

27 de agosto de 2009

OTRA "TOMA FALSA":

...
La sangre de un poeta

La poesía se nos muestra ingrata
cuando nos reconocemos en ella,
sin embargo, jugamos a escondernos,
nos apropiamos de voces ajenas
para jugar con nuestras emociones,
y aflora entre risas y silencios
y palabras que son de este mundo
la verdad que da miedo, el aforismo,
la minúscula erección metafísica,
porque entre el temblor del pensamiento
y su expresión hay demasiada vida.
...
(Joaquín Piqueras, Tomas falsas V.O.)

24 de agosto de 2009

"EMBRIÓN": UNA CANCIÓN DE THE SONADOS

The Sonados: de izquierda a derecha, Pascual Piqueras, José Antonio Desiderio,
Aurelio Martínez y Joaquín Piqueras.

Pulsa play:

21 de agosto de 2009

JOAQUÍN PIQUERAS EN "EL COLOQUIO DE LOS PERROS"

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NÁUFRAGOS

En momentos de crisis te arropas con la esperanza

...................................................[ pésima del náufrago,
sobrevives aferrado a tus instintos,
navegando entre números rojos e hipotecas que conocen
el abrazo permanente del tiempo.
Y a tu lado emergen las dudas,
esas dudas que tienen el sabor de la nada, pero no importa,
porque las tienes expuestas en los estantes del deseo,
ahí perviven, en la sección de ofertas, 2 x 1, sin fecha

..............................................[de caducidad, sólo con miedo.
Sales a la calle con la L de novato en la espalda, con el miedo
a sufrir los accidentes que gratuitamente nos depara la vida,

..................................................................[ y aún así perseveras,
te das alas,
porque el suelo sabe a infierno si el cielo está demasiado lejos,
porque la muerte no sabe de trucos publicitarios,
y su danza no es precisamente de amateurs.
Nadas, sobrevives, cada vez menos hombre,
cada vez más cadáver, agonizas en un mar de dudas.
Y no se divisa ni un atisbo de tierra en el horizonte.

12 de agosto de 2009

EL INUSITADO JUEGO DE SER DIOS

Digan lo que digan, nadie está preparado para recibir tan terrible noticia, pero a Julio Santos se la comunicó el Dr. Villodres con toda la naturalidad del mundo mientras se rascaba su prominente barriga: “Le quedan a usted más o menos unos siete meses de vida”. Al principio fue el miedo, después vino la rabia, la impotencia; pero finalmente, cuando los pretextos y las razones caen por su propio peso y la gravedad es puro nihilismo, uno se arma de valor y se plantea el inusitado juego de ser Dios. Teniendo en cuenta la esperanza de vida del hombre occidental, Julio confeccionó su propio planning existencial, cada cinco años los reduciría a un mes y todo lo que pensaba hacer en treinta y cinco años se condensaría en los siete meses que le quedaban, eliminando, claro está, todos los objetivos superfluos de la vida.

El oxigenado plan de Julio Santos se desarrolló según lo previsto, corroborando dos principios irrefutables: que cuando la muerte apremia algunas cosas cobran su verdadero valor y que el tiempo condensado adquiere el inconfundible sabor de la infancia. Su calidad de vida mejoró de manera notoria en todos los campos: en la familia, en el amor, en el trabajo, en el sexo e incluso, paradójicamente, en la salud. Hasta que transcurrido un mes (es decir, cinco años en el cómputo vital de Santos), Villodres lo citó con una urgencia más que alarmante para transmitirle lo que sin duda – pensó- sería una noticia fulminante. Sin embargo, todas sus expectativas se disiparon como la humareda de un mal sueño cuando el orondo doctor le reveló – sin dejar de palparse el abdomen – que todo había sido un lamentable error médico.

Julio Santos ya había adquirido en esos cinco años la suficiente clarividencia para no renunciar a su plan vital. Eso sí, se permitió la pequeña e imprevista licencia de añadirle un mes más: el tiempo necesario para planificar la desde entonces efímera y triste existencia del Dr. Villodres, pues le quedaban, según los designios divinos de su paciente, unos cinco años de vida. Una verdadera pena.